En esta misma plaza y sus alrededores se dibujó una historia triste, llena de dolor y sufrimiento que no hubiera nunca tenido que materializarse en la vida de niños, niñas, mujeres y hombres, seres humanos llenos de potencial a los cuales se les ha quebrado sus perspectivas y sus vidas por hombres que en un espejismo antitético al Creador se erigieron como el destructor.
Treinta años más tarde, en el mismo lugar, escribimos una historia diferente: una historia de verdad, esperanza y recuerdo. Una historia que esperamos pueda convertirse, rápidamente, en historia de justicia y reparación. Una historia que esperamos pueda convertirse, rápidamente, en historia de justicia y reparación.
Es un honor y un privilegio en mi calidad de Coordinador Residente del Sistema de Naciones Unidas en El Salvador, y también de manera personal, estar este día aquí con todas y todos ustedes en la conmemoración del sexagésimo tercer aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos y el homenaje a la memoria de las víctimas de El Mozote.
En esta zona más de 900 personas fueron asesinadas por unidades del ejército en 1981. Según los informes, de esta cantidad,que puede ser aún más, la mitad fueron niñas y niños menores de 13 años.
Mujeres y hombres, comunidades enteras, fueron martirizados como parte de la vorágine fraticida de la guerra civil salvadoreña.
Que la conmemoración de este genocidio coincida con la celebración del sexagésimo tercer aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos no puede reducirse a una simple casualidad.
La suscripción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue el resultado de constatar que la intolerancia, el odio y el miedo, dejados a su libre arbitrio provocan, en contextos de extrema polarización, que la aniquilación sea vista como la única salida concebible para enfrentar las diferencias y las demandas. Fue formulada con la convicción de que todas y todos tenemos derechos que nos son propios por el mero hecho de ser personas, de ser seres humanos, y que su respeto es la base de nuestra sobrevivencia y desarrollo como especie.
Es este espíritu el que, consideramos, nos debe llenar este día y guiar nuestras acciones, tanto como funcionarias y funcionarios públicos, nacionales y locales, como ciudadanas y ciudadanos, en cada una de las diversas facetas de nuestra vida, de forma tal que cada día garanticemos la construcción irreversible de nuestra convivencia sobre la base del respeto y nuestro desarrollo afincado en la equidad y la justicia.
La verdad sobre El Mozote es, por sí misma, una de las máximas expresiones, tristemente, de la intolerancia y del irrespeto a la vida y la dignidad humana en los momentos más críticos de la historia de El Salvador, pero es también un símbolo de las innumerables injusticias en diferentes zonas del país durante los tiempos de guerra. Informes, investigaciones y relatos hablan de otras masacres, secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones, la gran mayoría están aún sin resolver.
En este año 2011 estuvimos conmemorando, por primera vez, el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas, decretado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. La fecha seleccionada para conmemorar tan importante derecho no pudo ser más idónea y llena de regocijo para las salvadoreñas y los salvadoreños. La fecha indicada fue el 24 de marzo de cada año en memoria al obispo salvadoreño, Monseñor Óscar Arnulfo Romero quien fue asesinado poco menos de dos años antes de la masacre de El Mozote, un 24 de marzo.
El Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas implica, por sí mismo, la necesidad del reconocimiento y memoria de las víctimas y de la reparación de daños para ellas, ellos y sus familias. Sólo cuando las víctimas y sus familias hayan conocido toda la verdad, se haya exigido justicia y se hayan reparado los daños, se puede avanzar en procesos de reconciliación nacional.
Es importante, en ese sentido, reconocer avances muy importantes como la petición de perdón que hiciera el Presidente de la República en nombre del Estado ante casos de violaciones graves de derechos humanos, además de la institucionalidad y normativa desarrollada a raíz de la firma de los acuerdos de paz.
Hace solo pocos días el Presidente de la República se reunió con representantes de los familiares de las víctimas de El Mozote y se comprometió por hacer todo lo posible en el marco de sus competencias, para asegurar la reparación de las víctimas. Reparación, verdad y justicia son condiciones esenciales.
Pero el camino aún sigue y hay mucho por recorrer. Es necesario e imperativo garantizar que hechos lamentables como la masacre de El Mozote no se repitan nunca más. El pasar del tiempo no ha callado los reclamos de justicia y reparación, de asunción de responsabilidad y por tanto, de perdón y reconciliación, pues lo firmado fue la paz, no la impunidad.
Como Naciones Unidas en El Salvador reafirmamos nuestro compromiso por continuar apoyando y acompañando al Estado salvadoreño, a las organizaciones defensoras de los derechos humanos, a las organizaciones de la sociedad civil, todos los diferentes sectores y especialmente a las víctimas y sus familias en esta ardua, pero necesaria tarea de procurar la plena vigencia de los derechos humanos y así continuar construyendo, entre todas y todos, el camino hacia la consolidación de la paz.
Quiero agradecer a todas las instituciones, organizaciones y personas que han hecho posible esta conmemoración.Agradezco y felicito al Gobierno de El Salvador por todos sus esfuerzos y logros en materia de derechos humanos. Particularmente quiero dar las gracias a la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos en la persona del señor Procurador por su incansable lucha en este tema y por invitarnos a ser parte de este emotivo acto.
Deseo, en este momento, enviar en nombre de las Naciones Unidas, de todas y todos los colegas, un abrazo solidario y todos nuestros pensamientos a las familias de las víctimas de la masacre de El Mozote, así como nuestro sincero agradecimiento por la lucha que realizan para mantener viva su memoria y su legado. Sin duda alguna, su recuerdo continúa entre nosotras y nosotros y puede sentirse esta mañana en el ambiente, está presente en los corazones de quienes aquí nos hemos reunido. Su recuerdo continúa vivo y son las luces que nos guían en este caminar, son, como alguien ya lo dijo, las luciérnagas en El Mozote.
Para finalizar mi intervención tengo el honor de dar lectura al mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, señor Ban Ki-moon, en ocasión del 63 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:
Los derechos humanos nos pertenecen a todos y cada uno de nosotros, sin excepción. Pero, a menos que los conozcamos, a menos que exijamos su respeto y que defendamos nuestro derecho —y el de los demás— a ejercerlos, no serán más que palabras en un documento redactado hace decenios.
Por ello, el Día de los Derechos Humanos hacemos algo más que celebrar la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948: reconocemos que sigue teniendo vigencia en nuestro tiempo.
Este año se ha subrayado una y otra vez la importancia de los derechos humanos. En todo el mundo, la población se ha movilizado para exigir justicia, dignidad, igualdad, y participación, esto es, los derechos consagrados en la Declaración Universal.
Muchos de esos manifestantes pacíficos perseveraron pese a encontrar como respuesta violencia y más represión. En algunos países, la lucha continúa; en otros, la voluntad del pueblo ha prevalecido y se han logrado importantes concesiones o se ha derrocado a los dictadores.
Muchas de las personas que buscaban lograr sus legítimas aspiraciones estaban conectadas a través de las redes de comunicación social. Atrás quedan los días en que los gobiernos represivos podían controlar por completo el flujo de información. Hoy en día, como parte de su obligación de respetar el derecho a la libertad de reunión y de expresión, los gobiernos no deben bloquear el acceso a Internet ni a las diversas formas de comunicación social para impedir las críticas y el debate público.
Sabemos que todavía hay demasiada represión en nuestro mundo, demasiada impunidad, que todavía quedan demasiadas personas cuyos derechos no son aún una realidad.
Sin embargo, ahora que termina un año extraordinario para los derechos humanos, tomemos fuerza de los logros alcanzados en este 2011: han echado a andar nuevas democracias, se han dado nuevos pasos para asegurar la rendición de cuentas por los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad, y existe una nueva conciencia de los derechos mismos que no hace sino aumentar.
Al contemplar los desafíos que tenemos por delante, dejémonos inspirar por el ejemplo de los activistas de los derechos humanos y el poder intemporal de la Declaración Universal y hagamos todo lo posible para defender los ideales y las aspiraciones que son válidos para todas las culturas y todas las personas.




