emergencia Tormenta 12E El Salvador 2011


naciones Unidas en los Acuerdos de paz de el Salvador

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Clausura del Programa Desarrollo Humano y Migraciones

Es un honor estar con ustedes en el marco del evento de cierre del Programa Desarrollo Humano y Migraciones que comenzó a operar en 2009 y recién este mes de agosto ha culminado sus actividades.

Agradezco la generosa cooperación de la Unión Europea cuyo financiamiento y asociación estratégica y sustantiva hizo posible que los socios pusiéramos manos a la obra en un tema que tiene enorme trascendencia en la sociedad salvadoreña.

El PNUD incursionó en este tema en 2005 con la producción del Informe nacional sobre desarrollo humano titulado “Una mirada al nuevo nosotros. El impacto de las migraciones”.  En aquel documento advertíamos que, si bien las migraciones son un fenómeno que ha estado presente desde hace mucho tiempo en la historia de El Salvador, en los últimos 30 años estas han adquirido proporciones inimaginables.

El impacto de las migraciones en El Salvador, ha transformado este país en una sociedad transnacional con una dinámica económica, social y cultural muy compleja y rica, pero también enfrentando desafíos complicados.

Los migrantes son, desde muchos puntos de vista, los grandes héroes de este país. Pero ese heroísmo, lo sabemos bien, tiene su origen en gran medida, en la inseguridad,  la escasez de trabajo digno, y en grandes rasgos, en el limitado acceso a opciones de desarrollo individual y colectivo. Esto hace posible que al menos 3 de cada 10 salvadoreños y salvadoreñas tomen la arriesgada decisión de abandonar su casa, su familia y su país para ir a buscar mejor suerte.

A pesar de que el país y la sociedad no hayan sido generosos con los migrantes y no se le hayan proporcionado los espacios de desarrollo, éstos no le han dado la espalda ni a su país ni a su gente. De acuerdo con el Banco Central de Reserva, entre 1997 y 2009, ellos inyectaron más de 31 mil millones de dólares a la economía salvadoreña. Se trata, sin duda, de una cantidad de dinero impresionante.

Las transformaciones más profundas que han propiciado las migraciones no se derivan solamente del envío de dólares, por lo que un reconocimiento más integral a una gran parte de la población fuera de El Salvador se hace necesario. En este marco, la iniciativa presidencial de impulsar el voto en el exterior y por primera vez, abrir espacios de participación política a las y los migrantes, es sin duda un importante avance por reconocer a las y los salvadoreños en el exterior, como sujetos activos de la vida política del país.

El Programa Desarrollo Humano y Migraciones, que estamos clausurando de manera simbólica esta tarde, ha dado una aportación significativa a la comprensión del fenómeno de las migraciones, sus desafíos, oportunidades y los diferentes enfoques para abordarlo.  En este Programa hemos tenido como nuestra principal contraparte al Viceministerio de Relaciones Exteriores para Salvadoreños  en el Exterior, me complace saludar y reconocer el esfuerzo y empuje para esta iniciativa, por parte del señor viceministro Juan José García. El viceministro García más adelante nos explicará una de las principales contribuciones del programa, que consiste en la creación de un sistema de registro de salvadoreños en el exterior, que ofrece una respuesta a la necesidad de contar con datos más completos sobre los connacionales que se encuentran residiendo en el extranjero.

De este modo, no solo se facilitará los servicios consulares del gobierno y ayudará a la protección de sus derechos humanos y cívicos, sino que también integrará la información sobre las salvadoreñas y los salvadoreños en el exterior de forma organizada, lo que permitirá su aprovechamiento en la perspectiva de hacer posible el voto en el exterior.

También nos enorgullece haber trabajado de la mano con la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. Una de las cosas que desde el PNUD mirábamos con cierta preocupación era el hecho que pese a la dimensión y la importancia de las migraciones, todavía existían pocas investigaciones que abordaran los fenómenos derivados de la diáspora más allá de la importancia de las remesas. El equipo de la UCA ha hecho algo extraordinario: ha dado el paso para la creación de una agenda de investigación que, en el futuro inmediato, debe estar asociada a la formulación de políticas públicas bien pensadas y bien articuladas. Además, ha creado un diplomado virtual en migraciones que está ayudando a que las migraciones sean mejor conocidas y, sobre todo, mejor comprendidas por académicos y comunicadores sociales.

Desde luego, hemos hecho un enorme esfuerzo para meter las manos directamente en el terreno. Así, junto con el Programa de Pequeñas Donaciones, hemos trabajado para potenciar las relaciones económicas y empresariales de 11 comunidades de la micro región de la Bahía de Jiquilisco con grupos de salvadoreñas y salvadoreños en el exterior, a través de la implementación de un programa de asistencia técnica para el desarrollo de negocios. Allí hemos trabajado al lado de los pescadores de la isla de La Pirraya, que gracias a la selección de fútbol de playa ha alcanzado una merecida fama, para organizar sus saberes, su experiencia, su cultura, para ponerlo al servicio de planes de negocios.

El Programa también realizó por dos años consecutivos un esfuerzo sumamente valioso. Esto fue la realización de la Ruta del Migrante que nos permitió tomar contacto con la realidad cotidiana de esos héroes en su paso por el territorio mexicano. Y es que, para una organización como el PNUD, es inevitable echar una  mirada al tema de los derechos humanos de los migrantes y sus familias.

Las dimensiones económicas, sociales, políticas y culturales asociadas a los movimientos migratorios, no puede verse separada de la necesidad de obtener avances significativos en el diseño de una agenda de gobernabilidad para una migración ordenada, segura y protectora de los derechos de las personas.

Como dijo recientemente el padre Alejandro Solalinde, director de una de las casas de protección de los migrantes en México, este país necesita tener no solo una mirada compasiva y amorosa hacia sus migrantes, sino que también debe aprender a escucharlos con mucha atención. Ellas y ellos son el resultado de una historia marcada por la exclusión y la implementación de medidas económicas que no han puesto a la gente en el centro de las preocupaciones nacionales. Ellos están dispuestos a tomarse todos los riesgos para conseguir una vida digna para sus familias. Ellos son los que se están jugando la vida por el futuro del país. Aunque a veces resulta incómodo, esta sociedad no puede dejar de escuchar el dolor de sus migrantes.

La migración, desde luego, también está produciendo costos enormes para este país. Desde la perspectiva del desarrollo humano, donde concebimos a las personas como la principal riqueza de una nación, las migraciones vendrían a ser como una hemorragia de desarrollo humano. Esta hemorragia se expresa de diversas maneras.

En primer lugar, las familias se dividen; los miembros más aventajados de los grupos familiares son enviados en busca de un mejor destino, en pos de una supuesta tierra prometida. Luego, también se desarticulan las comunidades. Algunos de los más destacados líderes de los municipios han sido y siguen siendo los primeros en buscar el camino del Norte.

Pero esto no es todo. El Salvador también está experimentando una fuga de cerebros suficientemente importante como para debilitar el recurso humano del país para su desarrollo empresarial y económico. Esto tiene un impacto que no suele medirse en el desempeño de la economía nacional. Hace algunos años, un estudio del Banco Mundial estimaba que en El Salvador los emigrantes con un nivel educativo promedio superior a los estudios secundarios representaban cerca del 40% del acervo nacional.

La gente joven y emprendedora, que tendría que haber formado las bases de la próxima generación productiva está emigrando a razón de unos 60 mil jóvenes por año. Esto hace un promedio de unos 165 jóvenes al día. En buenas cuentas, esto significa que cada hora emigran del país seis jóvenes.

Estimadas amigas y amigos,

Desde luego, este Programa ha sido todo un proceso de aprendizaje. Sus resultados, que ya están siendo evaluados minuciosamente por una consultoría externa, nos pondrá en mejores condiciones para la realización, a futuro, de otros esfuerzos similares.

Deseo agradecer la confianza de nuestros donantes y de este conjunto de personas provenientes de entidades públicas y privadas que se sumaron a este esfuerzo, a mis colegas de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) por su apoyo y asistencia técnica en el proceso y a mi colega Miguel Huezo, por su compromiso y trabajo al asumir la coordinación de este proyecto.

Quiero finalizar mis palabras, reconociendo una vez más el valor de las y los migrantes y sus familias, sus dolores y sacrificios y en particular,  la generosidad y solidaridad para con su pueblo, una acción que representa además, una contribución esencial para el logro de los objetivos de desarrollo del país y una mejor calidad de vida para sus compatriotas en El Salvador.

Muchas gracias

 
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