Sin duda que en todos estos años el país ha vivido un proceso de aprendizaje que va de caerse a tropezar y, luego, ponerse de nuevo a caminar.
Como tendencia general, el país ha venido mejorando en los principales indicadores sociales para alcanzar la mayoría de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Entre otros logros importantes, se ha reducido la tasa de analfabetismo. Asimismo, ha habido una sensible disminución en la tasa de mortalidad de los niños menores de 5 años. También ha aumentado el número de personas con acceso a fuentes de agua mejorada.
La crisis internacional, aunada a las dificultades propias del país, está amenazando con hacer retroceder estos y otros avances. El impacto combinado del aumento en el precio de los alimentos, la reducción de las remesas y la recesión económica nos dice que la pobreza, en 2010, retrocedió a niveles similares a los registrados ocho años atrás.
Uno de los principales obstáculos del país está asociado con la violencia. Según los datos oficiales, en la última década El Salvador ha pasado de una tasa de 43 homicidios por cada 100 mil habitantes, en 1999, a una tasa de 70 en el año 2011. Estos dramáticos datos señalan que los más victimizados por la violencia son hombres jóvenes de entre 15 y 34 años, pero también indican que los homicidios de mujeres se han incrementado en casi un 200% en el mismo periodo. La violencia está provocando enormes e inaceptables costos humanos y económicos que podrían aprovecharse para mejorar el bienestar de las personas.
Las dificultades no son pocas. Pero el país cuenta con numerosas personas de todas las condiciones sociales que están trabajando para encontrar formas creativas para hacer frente a los desafíos que tiene El Salvador. Las agencias de Naciones Unidas nos sentimos orgullosas de estar participando con el gobierno, la empresa privada y la sociedad civil, en el encuentro de esa creación colectiva que pondrá al país en el rumbo trazado por los Acuerdos de Paz de 1992.
Los líderes del país tienen una importante responsabilidad. El país les está pidiendo la apertura hacia nuevas realidades y su mejor disposición para encontrar nuevos acuerdos sociales que le permitan al país operar como una sola inteligencia.
La esencia de la democracia radica en su capacidad de empoderar a los ciudadanos comunes. La sociedad salvadoreña debe seguir avanzando para volverse más participativa, hacer realidad la equidad entre hombres y mujeres, y alcanzar mayores niveles de tolerancia hacia las personas que son y tienen opciones de vida diferentes.
Este es el mejor momento para que el país renueve y se re encuentre en el espíritu de los Acuerdos de Paz de 1992.




