La Organización Internacional del Trabajo (OIT) fue creada por el Tratado de Versalles en 1919, junto con la Sociedad de Naciones. La creación de la OIT respondía a la toma de conciencia, después de la Primera Guerra Mundial, de la necesidad de llevar a cabo reformas sociales y reflejaba la convicción de que éstas reformas sólo podrían realizarse con éxito en el plano internacional.


Después de la Segunda Guerra Mundial, la OIT adoptó la declaración de Filadelfia, que reafirmaba con vigor sus principios fundamentales, a la vez que ampliaba sus fines y objetivos. Esta declaración anticipaba el acceso a la independencia de numerosos países después de la guerra y anunciaba el inicio de un importante esfuerzo de cooperación técnica con los países en desarrollo.

En 1946, la OIT se convirtió en el primer organismo especializado asociado a la recién creada Organización de las Naciones Unidas. En 1969, con motivo de su 50° aniversario, la Organización fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz.

La OIT tiene una estructura tripartita, única en el sistema de Naciones Unidas, en virtud de la cual los representantes de los empleadores y de los trabajadores –“los interlocutores sociales”- participan en pié de igualdad con los gobiernos en la formulación de las políticas y programas.

Fomenta, también, el tripartismo dentro de cada estado Miembro, promoviendo un diálogo social en el que las organizaciones sindicales y de empleadores participan en la formulación y, cuando proceda, en la puesta en marcha de las políticas nacionales en los ámbitos social y económico. La OIT tiene cuatro objetivos estratégicos principales: promover y materializar las normas laborales, así como los principios y derechos fundamentales en el trabajo; crear mayores oportunidades de empleo digno para las mujeres y los hombres; aumentar la cobertura y la eficacia de la protección social para todos; y fortalecer el tripartismo y el diálogo social.

Para alcanzar estos objetivos, la OIT formula políticas y programas internacionales para promover los derechos humanos fundamentales, para mejorar las condiciones de trabajo y de vida y para aumentar las oportunidades de empleo; establece normas internacionales de trabajo respaldadas por un sistema singular de control de su aplicación que sirven de orientación a las autoridades nacionales para poner en ejecución estas políticas; formula y lleva a cabo, en asociación activa con sus mandantes, un amplio programa de cooperación técnica internacional que ayuda a los países a llevar a la práctica dichas políticas; y lleva a cabo actividades de formación, educación, investigación y publicación que contribuyen al progreso de todos estos esfuerzos.

Asimismo, la OIT ha puesto en marcha diferentes programas operativos de cooperación técnica, los cuales corresponden a sus prioridades estratégicas. Uno de ellos, es el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC), el cual administra actualmente, en diferentes regiones del mundo, más de 1,000 programas destinados a promover alternativas al trabajo infantil. La OIT considera que el trabajo infantil constituye un problema apremiante desde el punto de vista social, económico y de los derechos humanos. Se estima que hay 250 millones de niños y niñas trabajando en todo el mundo, muchos de los cuales se les priva de una educación adecuada y de las libertades fundamentales, al tiempo que se pone en grave peligro su salud.

Los niños y niñas son los que pagan el precio más elevado de esta situación, pero los países también salen perjudicados. Acabar con el trabajo infantil constituye un fin en sí mismo, pero también es un modo muy eficaz de promover el desarrollo económico y humano

Para promover que más países se sumen a la causa global en contra del trabajo infantil, la OIT estableció los Convenios sobre la edad mínima, 1973 (138) y sobre las peores formas de trabajo infantil, 1999 (182), mediante los cuales los Estados signatarios, como el caso de El Salvador, se comprometen a tomar medidas inmediatas para eliminar todas las formas intolerables del trabajo infantil, desde la esclavitud y el trabajo forzoso hasta la utilización de niños y niñas en actividades ilícitas o cualquier trabajo que pueda perjudicar su salud, su seguridad o su moralidad.

La OIT está consiente que para lograrlo es necesario superar importantes retos, pero la esperanza de mejorar la infancia de miles de niños y niñas es el horizonte y la fuerza para seguir adelante.